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El día que Oscar López Rivera celebró su libertad

sábado, mayo 20, 2017 Comentar

Crónica de cómo cientos de boricuas recibieron a su "héroe nacional". (Ricardo Alcaraz / Diálogo)


Esa tarde Río Piedras tenía un brillo especial. El área de San Juan donde en los últimos años ha reinado la decadencia y el abandono, se convirtió en una fiesta de pueblo. En la Plaza de la Convalecencia centenares de ciudadanos se dieron cita para celebrar la excarcelación de Oscar López Rivera.

Era la fecha esperada por muchos de los presentes. Los de mayor edad llevaban más de 35 años esperándola. El resto nació con la esperanza de que el día llegaría más pronto de lo esperado.

Niños pequeños se juntaban entre sí para corretear por la plaza. Algunos se movían al ritmo de la música que emanaba desde la tarima. Otros tantos, ondulaban sus banderas puertorriqueñas —de distintas tonalidades de azules— mientras continuaban a la espera del momento en que Oscar les dirigiera unas palabras.

“Estamos muy contentos. Esta fecha la veníamos esperando hace mucho tiempo. Aunque es un sentimiento agridulce porque tenemos la libertad de Oscar, pero una Junta de Control Fiscal que nos oprime”, contó Madelin Cólon Pérez, quien llegó a Río Piedras para celebrar la excarcelación del preso político que más tiempo ha estado en presión en América.

“¡Oscar, Oscar, Oscar!”, gritaba Julián Camilo, de cinco años, e hijo de Madelin.

Ayer, tanto Julián Camilo como su hermana Helena Cecilia, de ocho años, se levantaron alegres porque era el día que tanto habían esperado, contó su madre. Julián y Helena siempre estuvieron al pendiente de todo lo que sucedía con Oscar y asistían a muchas de las actividades celebradas en busca de su excarcelación. 


Por los alrededores, también se encontraba un grupo de estudiantes de la Escuela Superior de la Universidad de Puerto Rico, conocida como la UHS. Entre ellos, Alejandra Ortiz, Lorena Solá, Adriana Hernández, Aura Negrón y Helena Arraiza hablaban de Oscar y de cuán felices se sentían por la excarcelación.

La fiesta de pueblo comenzó a eso de las tres de la tarde. Decenas de músicos y artistas pisaron la tarima que erigieron en la plaza. “Bienvenido a casa Oscar López Rivera. Viva Puerto Rico”, leía el cartel que encabezaba el escenario.

“Intentó acabar conmigo, intentó, pero no pudo, conmigo nunca han podido, porque estoy hecha de ausubo”, fue la primera canción que se escuchó desde la tarima. Al son de la bomba, el grupo Ausuba abrió el bembé de pueblo que allí comenzaba.

“Me parece que es una fiesta unitaria que ocurre en un momento muy importante. Eso es lo que necesita el País, unidad y acción para enfrentar la Junta [de Control Fiscal], para luchar por la Universidad de Puerto Rico, contra la represión y frente la ofensiva por tratar de acercarnos a la anexión”, destacó la profesora de Trabajo Social, Doris Pizarro.

“Oscar tiene un discurso adecuado para este momento. Hay que transformar esta fiesta a una de futuro”, añadió la residente de Villa Palmera.

Si bien muchos de los presentes consideran a Oscar como un héroe nacional, lo cierto es que otra gran parte de los puertorriqueños lo tilda de terrorista por haber sido miembro de la Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), grupo militante a favor de la independencia de Puerto Rico.

Aunque algunos piensan todavía que Oscar estuvo ligado al atentado al Fraunces Tavern donde murieron Alejandro Berger, Frank Connor, James Gezork y Harold H. Sherburne, el exconvicto fue sentenciado por conspiración sediciosa y otros seis cargos, ninguno vinculado con el ataque.

“Aquí en Puerto Rico, terroristas son los que defienden su patria. En otros países les llaman patriotas”, dijo sobre el tema la ciudadana Myrna Santos. 


En la esquina izquierda de la tarima, Oscar le dedicó unos minutos a la prensa. Acto seguido, ofreció de su tiempo para saludar a decenas de puertorriqueños que le extendían las mano.

En ese momento, hubo lágrimas de emoción. Bajaban por el rostro alegre de uno que otro puertorriqueño que recibía el abrazo o el beso de Oscar. Él sonreía y trataba de acercarse a cada uno de los que gritaban su nombre. Flores y regalos les eran entregados. Oscar agradecía, de vez en cuando inclinaba la cabeza hacia el suelo y soltaba un “Gracias, Puerto Rico”.

A pasos de distancia de esta celebración, los estudiantes del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR) llevan una lucha que se ha extendido por más de 50 días. El estudiantado se mantiene en huelga en repudio de las medidas de austeridad que han tomado la administración de Ricardo Rosselló Nevares y la Junta de Control Fiscal para pagar la deuda pública del País.

Esta lucha universitaria, que busca impedir un recorte de $450 millones al presupuesto de la UPR, ha desembocado en el proceso judicial contra siete estudiantes que se enfrentan a posibles condenas en prisión.

“Que se mantengan firmes y no dejar que la cárcel –ni nada– les pare. Sigan luchando. Se puede luchar desde la prisión”, les recomendó Oscar a este grupo de estudiantes.

“Traigan para afuera lo que está pasando, déjenle saber al pueblo lo que está pasando con ellos, pero no dejen de luchar. El apoyo casi siempre llega, así que sigan para adelante”, continuó diciendo el hombre de 74 años quien pasó más de 35 en prisión y 12 de ellos en confinamiento solitario.

A pesar de los años privados de libertad por sus ideales políticos en torno al estatus colonial de Puerto Rico, Oscar mantiene incólume sus posturas.

“Yo vivo para la unidad, yo vivo para el amor. Yo creo en la independencia de Puerto Rico. La independencia de Puerto Rico se puede hacer con amor. Si no hay amor, no hay independencia”, le dijo a Diálogo. 


A eso de las cinco de la tarde, luego del intercambio de palabras que tuvo con este medio, Oscar subió por primera vez a la tarima y los presentes se desbordaron en gritos, aplausos y vítores.

“Se siente, se siente, Oscar está presente”, consignó la multitud. Seguido, entonaron el himno revolucionario de Puerto Rico.

La fiesta continuó. A la tarima siguieron subiendo artistas como Andrés Jiménez, Tito Auger y Fofé, quienes dedicaron canciones a la libertad, a la lucha y a la resistencia que ha pregonado Oscar.

Al lugar se dieron cita un sinnúmero de artistas, políticos, estudiantes y líderes comunitarios.

“Me siento contento porque en Oscar, no solo lo veo a él, veo a Albizu, a Blanca Canales, al comandante Díaz Pacheco, veo a Griselio Torresola, a Oscar Collazo. Cuando yo abracé Oscar, estaba abrazándolo a todos ellos, a todos los que me han hecho ser quien soy”, manifestó Rafael Cancel Miranda a Diálogo.

El también líder independentista definió a Oscar como un hombre “vencedor, un triunfador” y quien trae fortaleza al País que hoy se encuentra sumido en una crisis fiscal y en una debacle social.

“Es un ejemplo nuestro, del pueblo puertorriqueño. Su valor, les da valor a otros. Eso nos fortalece. Tú puedes estar orgulloso de tu pueblo porque hemos combatido. Mientras un puertorriqueño o puertorriqueña esté de pie, hemos triunfado”, añadió Cancel Miranda, quien formó parte del grupo que en 1954 arremetió a tiros al Congreso de Estados Unidos en busca de atención internacional sobre la situación política de Puerto Rico. 


A eso de las siete de la noche llegó el momento que muchos esperaban. Oscar agarró el micrófono y dio su primer discurso a los puertorriqueños y puertorriqueñas que anhelaban oír unas palabras de su “héroe nacional”.

“Puerto Rico es una patria digna de tener un gobierno que le importe mucho la vida de todos y todas las boricuas. Necesitamos hoy más que nunca antes, llegar a un momento de despertar, despertar amor, despertar la patria, despertar para descolonizar nuestras mentes, descolonizar la patria”, dijo en tarima.

Seguido, Oscar apostó al amor de los puertorriqueños como vaso comunicante para dejar a un lado las diferencias y echar a Puerto Rico hacia delante.

“Me gustaría que todas y todos nosotros y nosotras tomemos la lucha estudiantil en nuestros corazones. Necesitamos que la Universidad de Puerto Rico sea una universidad que nos ayude”, pronunció y el público gritó: “Lucha sí, entrega no”. 


Asimismo, les pidió a los presentes a utilizar todo lo que esté a su alcance para garantizar que la UPR sobreviva y que sea una digna de Puerto Rico.

“Hay una Junta de Control Fiscal, una junta criminal, una junta que ha llegado aquí para saquear a Puerto Rico”, sentenció el exprisionero político y el abucheo contra el ente federal opacó el discurso.

Finalmente, Oscar llamó a la unidad del pueblo puertorriqueño. “Vamos a luchar y a resistir hasta el último suspiro”, vociferó el líder independentista.

Luego de culminada la celebración, Oscar se retiró. Llevaba despierto desde las dos de la mañana. Al día siguiente, la rutina sería parecida, esta vez en su amado Chicago.
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Original del publicado en Diálogo

Nelson Sambolín inmortaliza a Pedro Albizu y a Rafael Hernández

lunes, octubre 17, 2016 Comentar
El artista residente de la UPR, Nelson Sambolín, rindió homenaje a estos próceres en un tríptico develado en la Capilla de las Bambúas en el Jardín Botánico de la universidad. (Ricardo Alcaraz)

De la siesta de las bambúas
no me interesa su sombra, sino su luz.
Me di cuenta a los treintayalgo,
caminando por ahí.
-Nelson Sambolín

La luz, en ocasiones, viene a develar, a iluminar lo que está escondido. O, simplemente, para que podamos ver lo que tenemos frente a nosotros. El maestro Nelson Sambolín utilizó esa luz para inmortalizar a dos próceres puertorriqueños que considera que pasaron por Puerto Rico “sin pena ni gloria”.

El escenario era ideal. Al resplandor de una luna creciente, rodeados de naturaleza, Pedro Albizu Campos y Rafael Hernández Marín se encontrarían a las 7:30 de la noche en la Capilla de las Bambúas en el Jardín Botánico de la Universidad de Puerto Rico (UPR).

¿De qué hablarían estos dos ilustres boricuas si se sentaran a conversar? Esa fue una de las inspiraciones del artista residente de la UPR para pintar el tríptico y estrenarse como libretista en Conversación en el Jardín Botánico: Encuentro entre Rafael Hernández y Pedro Albizu Campos.


Hay personas que creen en las casualidades, otras culpan al destino. La realidad es que Albizu y Hernández nacieron en el 1891, murieron en el 1965 y ambos dejaron un legado patriótico en el imaginario puertorriqueño.

Camina Albizu por las bambúas. Un banco rojo y una guitarra completan el espacio. Hernández a paso lento se aproxima al encuentro. Ambos se miran, se reconocen y se funden en un abrazo entusiasta. Ambos se expresan gestos de cariño. Y la música sería el tema de conversación. Pero no de música banal, sino de aquella que lleva a una reflexión de los problemas que aquejan al país.

“Si yo no hubiera nacido en una patria esclava, me hubiera dedicado a las artes, a la música quizá, a la poesía, a la literatura, pero qué bueno que te tenemos a ti: Rafael. Le has sabido cantar a la patria como nadie”, decía Albizu, interpretado por Teófilo Torres.

Se escucha Linda Quisqueya. Hernández -interpretado por Carlos Miranda- le explica a su amigo que fue escrita para Borinquen. En un viaje a la República Dominicana, Antonio Mesa cambió Borinquen por Quisqueya. Y así se eternizó. Tanto así que los dominicanos han adoptado esta canción como su segundo himno. 


– “He notado que tú en tus canciones nunca mencionas a Puerto Rico, sino a Borinquen”, apunta Albizu. 
– “Eso es natural, espontáneo. Lo que debía pasar”, sobresalta Hernández.

El recuerdo de las vidas musicales y políticas de estos seres volaron delante de los espectadores. Recordaron sus luchas por enaltecer la puertorriqueñidad. Pero otra similitud sobresaltó la conversación. Ambos sirvieron en el ejército de Estados Unidos.

– “Rafael, al igual que yo, estuviste en el ejército norteamericano. Yo servía como primer teniente de infantería. ¿Cómo compaginaste el terror de la guerra y la angustia? ¿Cómo pudiste compaginar tanto dolor, sufrimiento, con tu labor creativa?”, cuestionó Albizu. 
– “El dolor es un camino hacia la creación”, inquirió con simplicidad Hernández.

Y es que el dolor de ambos luchadores incansables por la patria, los llevaron a crear un caudal de conocimiento que divulga el patriotismo de los puertorriqueños. 


Luego de la develación del tríptico, de siete pies de alto y veintiuno de largo, el maestro tomó el micrófono.

“Uno vino a ponerle música y el otro a ponerle letra a este país. Pero ambos, a su manera -como tiene que ser- aportaron grandemente a nuestra identidad”, afirmó Sambolín con voz pausada.

El maestro, quien obtuvo un Bachillerato en Bellas Artes de la UPR en 1970 y una maestría del Pratt Institute de Brooklyn en Nueva York, se ha identificado con la gráfica, el cartel, el diseño y la serigrafía. Sin embargo, en sus últimas obras la técnica utilizada proviene de su interior, más personal, más poético.

Sambolín decidió juntar al compositor Hernández y al político Albizu porque asegura que son iconos de la isla que no han recibido la honra que merecen.

“Esa efeméride pasó en Puerto Rico sin pena ni gloria. Y yo estoy aquí para que todos nosotros los celebremos y subsanemos ese error histórico y otros errores también”, sentenció Sambolín.

Un momento especial de la ceremonia fue el instante en el que José Torres Rosario, presidente de la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes (HEEND) de la UPR, hizo un llamado a que todos deben defender la universidad que se ve amenazada ante la junta de control fiscal.

“Si queremos nuevamente al maestro Sambolín y a otros que continuarán su camino en la universidad exponiendo este tipo de arte, debemos aunar esfuerzos precisamente para que juntas fiscales u otra gente que atente contra nuestra universidad no se apodere de los derechos del pueblo”, denunció Torres Rosario y los aplausos no se hicieron esperar.

“Esa obra de Sambolín que hoy, no meramente es el encuentro ficticio, es la denuncia, es la crítica, es el desarrollo de las ideas del maestro plasmadas en estos dos artistas”, continuó el presidente.

Quizás, si Albizu y Hernández se encontraran hoy, dialogarían sobre cómo avivar el espíritu nacional ante la situación precaria, tanto económica como política, que atraviesa Puerto Rico. No se sabrá. Pero quedan sus obras, esas que podemos repasar.

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Original del publicado en Diálogo

Cultura Profética, un concierto de activismo social

lunes, octubre 03, 2016 Comentar
El concierto de celebración estuvo lleno de convocatorias a la revolución. (Facebook)

Silencio sepulcral. Justo a las 9:45 de la noche del sábado, los cuerpos allí presentes pararon de moverse, mas no sus conciencias. Ahora, comenzaría la revolución. Esa que se da desde la intimidad de cada ser. Esa que nace del verso terso. Esa revolución que nace de la reflexión escrupulosa de los que allí se dieron cita para escuchar la música con conciencia de Cultura Profética.

“Desde la Iupi y la UHS hasta dentro de las fauces de la bestia, USA”, se escucha en el intro antes de que los músicos, quienes se han presentado en Europa, Estados Unidos, Latinoamérica y el Caribe, comenzaran su concierto en el que deleitarían, por más de tres horas y con sobre 36 canciones, a su eterna fanaticada de Puerto Rico en el estadio Hiram Bithorn de San Juan.

A las seis de la tarde abrieron las puertas y el espectáculo de apertura había estado a cargo de la Orquesta El Macabeo, Teatro Breve y Natiruts.

Pero ahora, ya todos estaban listos. Con camisas que leían “Libertad para Oscar”, “Una sola estrella libre” y “Basta ya”, los más de 20 mil asistentes miraban la tarima con expectativa. Desde aquellos que vieron tocar por primera vez a Cultura Profética en Río Piedras de 1996, hasta los milenials quienes conocieron a la agrupación tras el éxito de La Dulzura (2010), todos se desbordaron en gritos para darle la bienvenida a quienes los han hecho reflexionar en estas últimas dos décadas.

“Sentimiento de patria, cosa que se está perdiendo en esta pequeña isla víctima especial del imperio”, entonaba el vocalista Willy Rodríguez para dar comienzo al concierto que cerraba la semana en la que se le fue impuesta a Puerto Rico -por parte de Estados Unidos- una junta de control fiscal para reestructurar la deuda de la isla que ronda en los $70,000 millones.

Como profetas y activistas que son de la cultura y la sociedad, luego de Tempestad tranquila, entonaron Fruto de la tierra. “Borinquen, alerta, despierta”, exclamaban desde la tarima y la audiencia al unísono los seguía.

Solo aquellos fanáticos que conocen los comienzos de la banda pudieron entonar Por qué cantamos, Lucha y sacrificio, Con truenos hay que hablar y seguir la instrumental de Filitustrein, sencillos que completaron el medley del disco Canción de alerta (1998).

En aquel espacio atestado de cuerpos, cuerpos con alma, cuerpos de revolución, la misión era una: un llamado a la conciencia. Aquella conciencia que viene clamando Cultura Profética por la identidad de los puertorriqueños, por la descolonización, en contra del capitalismo, del egoísmo. Esa conciencia que invita a amar lo de aquí, por darle valor a nuestra tierra, por generar una lucha por alcanzar nuestros sueños.

“Son 20 años. ¿Quién lo hubiera dicho? Creo que es bueno avisárselo a los que nos conocen de La dulzura para adelante”, expresa Willy en esas primeras palabras que le dirige a su público.

Y así comenzaban ese segundo medley, Ideas Nuevas (1999). Como habían anticipado, es un concierto cronológico en el que no solo presentaban su trayectoria, sino que fue un documento musical de esos veinte años que la banda ha impactado en la cultura puertorriqueña.

Una pantalla gigante en medio de la tarima presenta imágenes históricas de Cultura Profética y de Puerto Rico; como si refrescaran la memoria. Como si estuvieran llevando un mensaje oculto detrás de todo esto: el despertar de una nación. Todo en la forma pacífica que tanto les caracteriza.

Suena Soldado. Y ordenan: Suelta los amarres. Seguido, enfatizan que “tenemos que aprender que no todo lo que se nos enseña nos hace crecer”. Culminan esta parte con No me busques y Mr. Swin.

Con el juego y la mezcla de ritmos -salsa, jazz, electrónica, ska, funk, trova, música caribeña y de raíz africana- Boris Bilbraut hacía lo suyo con la batería, Omar Silva y Elliut González daban las notas desde sus guitarras y bajos, Juan Carlos Soulsona sonaba su teclado y Willy Rodríguez utilizaba su voz para llevar el mensaje.

Y cantaron De Antes, Donde no alcanza mi verso y Días intensos, con la misma pasión e ilusión con la que grabaron los sencillos en Diario (2002).

Tras una hora de concierto, Boris deja su puesto en la postrimería para tomar la palabra. El público aplaudía fuerte, pocas veces ha tomado la voz cantante. “Tenemos un compañero de lucha que lleva más de 30 años encerrado sin poder ver los árboles que se llenan los bolsillos de aguacero”, exclama y el público ensordecía el ambiente con gritos y aplausos. Boris hacía referencia a Oscar López Rivera, el preso político puertorriqueño.

Las monoestrelladas se levantaban dispersas entre el público. El rostro de Oscar ocupaba la pantalla. Boris cantaba con emoción. A veces cerraba los ojos. En el público las miradas languidecientes hablaban, recordaban. El sentimiento patriótico se sentía.

Los acordes de Inspiración arropan las almas de aquellos cuerpos que no se cansaban de balancearse de un lado hacia el otro al son del reggae. Tocan Bieke y Willy recuerda los acontecimientos de la lucha por sacar a la Marina de Estados Unidos de la Isla Nena e invita a tomar esta situación como referente de que la unión de los boricuas genera grandes cambios. Y terminan este medley con Insomnio.

Ahora el viaje continúa por el 2005, cuando grabaron M.O.T.A. “No sé porque nadie se atreve, ay no sé porque nadie se atreve ya, a hacer algo decente”, cantan.

Entonces, Willy reflexiona sobre el caos político, social y económico que reinaba en Puerto Rico cuando comenzaron, ellos estaban “en un viaje bien específico. Quiero seguir pensando que estamos en ese tren”. El mismo tren que, aunque pasa por paisajes diferentes, lleva el mismo mensaje. “Seguimos viajando en la misma dirección”. Aunque la voz del grupo lamenta que los mismos problemas siguen aquejando a los boricuas, siente la esperanza de que algún día no tendrá que seguir con sus mensajes de liberación y justicia social.

Revolución en estéreo, Un deseo, Ritmo que pesa, temas que comenzaban a tener más popularidad en la audiencia.

Y subía el humo. Y la fanaticada se encendía. Más personas comenzaban a menear sus cabezas. Buscan parafernalia. Cierran sus ojos. Inhalan fuerte.

Bandera de luto, de la nueva lucha, es izada y provoca arrestos


Pero Willy los detiene. “Esta próxima canción que vamos a tocar no la podemos tocar si no pasa algo importante aquí ahora mismo”, sostenía. El público hacía un silencio único. Todos a la expectativa.

“Nosotros tenemos la imposición -por demasiados años ya, 118 años- que cada vez que se levanta nuestra bandera, se tiene que levantar la bandera de Estados Unidos y pienso que es una imposición absurda. Así que creo que es necesario en estos momentos, que para esta canción específicamente, se baje la bandera de los Estados Unidos y se levante la nueva bandera de lucha de Puerto Rico. ¿Y quién mejor que Tito Kayak para hacer esta hazaña?”, pronuncia con fuerza.

Willy se voltea. Y los cuerpos presentes alzaron sus miradas a lo alto del estadio. Allá arriba, encima del marcador, estaba Alberto de Jesús -conocido como Tito Kayak- junto a dos manifestantes más. Bajan la bandera estadounidense e izan la monoestrellada en blanco y negro.


“Pa’l carajo las PROMESAS. No vienen a resolver nuestra situación fiscal, vienen a resolver sus bolsillos. Nos están tratando de meter las cabras. No estoy hablando de partidos políticos. Están viniendo a sacarnos los chavos del bolsillo esos cabro… Perdonen que hable malo, pero estos tipos nos gastaron todo y ahora nos vienen a cobrar a nosotros”, sentencia tajantemente contra la imposición federal de la junta de control fiscal.

Los manifestantes fueron arrestados. El público grita y grita, pero el arresto se perpetra. La frustración de la agrupación se hizo sentir.

“La Policía de Puerto Rico se está atreviendo a imponer la misma mierda que imponen cada vez que tratamos de expresarnos. Cuando ellos se expresan por su sueldo, nadie les dice nada, pero cuando el puertorriqueño común se trata de expresar de algo justo, siempre nos ponen a la Policía para imponerse sobre nosotros y para hacer pensar que somos terroristas o algo así. Vamos a dejarnos de pendeja’ no somos niños. Creo que los líderes de este país se quedaron en quinto grado. Creo que los niños de quinto grado tienen muchos más valores que las mierdas de líderes de este país”, dicta el vocalista con notables gestos de furia.

Cultura Profética expresa que continuará el concierto con “dolor” por el arresto de los manifestantes. Y seguido alienta al público a no criticar a los que protestan porque “ellos están luchando por nosotros. Todos tenemos que hacer lo mismo para que esto cambie”.

“Quiero que eso sirva como ejemplo de lo que quieren hacer con nosotros… Quiero que les quede de recuerdo. Es absurdo que uno no pueda manifestarse. Lo mejor que podemos hacer es expresarnos con música. Gracias Tito, gracias a todo el que entiende. El que no, que se ponga a estudiar”, expresa Willy.

El concierto continuó con la interpretación No me interesa . Hubo algunos que le encontraron el sentido a las letras de este tema. Se notaba en sus caras asintiendo. “No me interesa tu supuesta ayuda federal, no, no me interesa no es real, tu guerra, no, no, no, no me interesa es solo excusa pa’ conquistar sin quedar mal”, vocaliza el cantante. Y culminan el medley con Lo de más.

Siguieron con el popurrí de La Dulzura (2010) y ahora son más los que corean las canciones. Al parecer, la mayoría de los presentes se acercaron a la agrupación posterior a este disco que produjeron bajo su propio sello La Mafafa Inc. y que llegó a estar número cinco en el Billboard’s Top Latin Albums.

Tiran Rimas pa’ seducir. La complicidad entre todos los presentes se hizo sentir, Para estar y Bajar la tensión. Todas, bajo la Amante Luz que velaba tanto a los que se mantenían en pie como a los de las gradas.

Resuena La espera. Casi todo la coreaban. Como un gran coro nacional. Algunas parejas se miraban a los ojos, se besaban, se sonreían, con esa sonrisa que denota ternura. Y se embarcan en lo Ilegal y el público se desborda en algarabías.

Tras una fingida clausura, Cultura Profética volvía al escenario para entonar sus más recientes sencillos: Música sin tiempo y Le da igual.

Aquellos cuerpos que se quedaron hasta el final y aquellos que aguantaron las seis horas de espectáculos variados se fueron con el sabor de Saca prende y sorprende.

Aunque hablando claro, esos cuerpos que en la noche del sábado se dieron cita al concierto Somos de Cultura Profética, se fueron con un movimiento. Esta vez, no del cuerpo, sino de ideas que buscarán -de ahora en adelante, quizá- un cambio ante la situación adversa que enfrenta la isla.

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Original del publicado en Diálogo

Lluvia, baile y celebración en el concierto de la UPRRP

sábado, septiembre 03, 2016 Comentar
La bomba de La Tribu de Abrante y la salsa de Ismael Miranda conquistaron a los gallitos y jerezanas en una noche de mucho baile y lluvia. (Twitter)

Llovía. El cielo se empeñaba en aguar la fiesta. Jueves, son las ocho y la noche confabulaba para darle un respiro y un espacio para que los prepas gallitos y jerezanas disfrutaran de su noche: su concierto de bienvenida a la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. La Tribu de Abrante e Ismael Miranda, harán lo que saben hacer para que esta noche -que da inicio a un año académico- sea una memorable para todos los presentes.

La Tribu de Abrante se encontraba en la tarima y el cielo solo dio 15 minutos para el baile. Se precipitó el agua. La gente corría a resguardarse de la lluvia. Pocos se quedaban moviendo las caderas con o sin sombrillas que les protegieran del agua.

Debajo de la torre muchos se resguardaban de la lluvia. La misma torre que ha visto decenas de manifestaciones y ha sido testigo por años de luchas sociales, hoy protegía a esos prepas que inician su camino al futuro. Allí, muchos movían sus pies al son de la música; en parejas o solos, el objetivo era el mismo, disfrutar de la noche.

Otros pocos, revivieron esos días en que sus padres los dejaban corretear debajo de la lluvia para mojarse. Y se mojaron. Y bailaron bajo la lluvia.

“Aquí no hay miedo, lo dejamo’ en la gaveta”, cantaba La Tribu. Y finalizaron con María Luisa que puso a menear las caderas de todo el que allí dijo presente.

Ahora, a las nueve, varios músicos se preparan. Afinan los cueros, ajustan boquillas, realizan sus rituales, prueban el sonido. 15 minutos más tarde comienzan a tocar. El área frente a la tarima se desborda. Una pareja de mujeres se menean coquetas, esa coquetería que nace de la salsa, de sentir la música, de mover la cintura y mirar a los ojos de la otra persona.

Y llegó. Con camisa azul, pantalón negro y escoltado de una orquesta vestida de negro, Ismael Miranda hizo su entrada: “No me digan que es muy tarde”, cantó y la gente gritó con fuerza, con mucha fuerza.

“Aquí la gente es salsera. Aquí a la gente le gusta la música”, dijo El Niño Bonito de la Salsa, que a sus 66 años, de niño lo que le queda es el espíritu, la fuerza y el corazón.

Y así comenzó un repertorio de lo mejor de Ismael Miranda. “Cada cabeza es un mundo”, se escuchaba y los del dance team daban cátedra de cómo se baila una buena salsa.

Continuó con Amigos. “En estos tiempos como que hacen falta amigos”, apuntó y comenzó a cantar. Algunos, no saben bailar, pero menean sus caderas. Otros, bailaban solos. Bailaban acompañados. Bailaban entre tres. Bailaban con los hombros. Bailaban con la cabeza. Era inevitable que se quedaran quietos.

Siguió Como el Águila y Son 45. En el centro de la pista, un joven de camisa blanca, pantalones cortos, medias altas y gorra blanca, sacudía a su pareja como si no hubiese mañana. Se miraban. Sonreían. Él daba vueltas y ella lo seguía. Eran cómplices del momento y la felicidad.

Señor Sereno sonaba y comenzó a lloviznar pero esta vez la gente seguía moviendo los pies. Y la lluvia apretó y en la pista quedaron los cocolos de corazón. “Ahora sí, vamos a ver quién da más”, se escuchaba y la lluvia se detuvo. Y los pies volvieron a moverse. Y ahora las caras mojadas y no se sabe si es por el sudor o por la lluvia. Y cantó María Luisa antes de despedirse.

Pero el público no lo dejó. Al grito de otra, regresó al escenario con No me digan que es muy tarde ya, y la gente soltó los últimos cartuchos para demostrar sus quilates en la salsa.

Minutos después solo quedó la torre. La siempre erguida. La misma que seguirá vigilante ante un año lleno de retos. Entre una junta de control fiscal que se aproxima y unas elecciones decisivas para el país. ¿Cuántas luchas se librarán este año?

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Original del publicado en Diálogo

Sean las Justas en Ponce o en Mayagüez los jóvenes solo quieren pasarla bien

sábado, abril 16, 2016 Comentar
Jóvenes de todas partes de la Isla se dieron cita, ayer, en las calles del pueblo de Mayagüez. (David Pérez)

A las diez de la noche, las calles del pueblo de Mayagüez aparentaban no tener diferencias con las de la Ciudad Señorial. Aunque los jóvenes no supieran hacia dónde caminaban, pues muchos hace cinco años no frecuentaban aquellos lares, el sonido del reguetón les marcaba el rumbo a las fiestas de las Justas de la Liga Atlética Interuniversitaria (LAI). 

Cuatro o cinco puntos de cotejo rodeaban el área de la fiesta, mencionó una sargento que no se quiso identificar. Aquellos puntos de aduana, puestos quizá por seguridad o para delimitar la superficie destinada a las aventuras de los jóvenes universitarios, eran largas filas pero se movían a un ritmo constante. 

“En Ponce no había que hacer una superfila para entrar”, dijo Gabriela de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo. La gente adulta rebosa, como también los menores y Gabriela se dio cuenta de eso. Para ella, estas Justas no será lo mismo, pero como sus padres se están quedando en Cabo Rojo, no dudó en llegarle a Mayagüez para encontrarse con sus amigas. 


Igual Christian Pérez, quien siente que este evento no es una invasión a la casa de los sangre verde, sino que brega porque viene una caudal de gente de todas partes de Puerto Rico. Pues para él, “las Justas son la oportunidad perfecta para que todo el mundo baje de cualquier pueblo donde vivan, se encuentren y la pasen bien”. 

La muchedumbre seguía llegando en manadas con unos mismos objetivos: pasarla bien, vacilar, beber, bailar y reunirse con sus panas. 


Sabemos que en Mayagüez se janguea todos los días, al menos, eso dicen los colegiales. Pero hoy es diferente, hoy la casa está llena de amigos y contrincantes, de gallos y tigres, de estudiantes y viejos.

“Las justas son Mayagüez, no Ponce. Mayagüez es Mayagüez y lo demás es parking”, decía con orgullo José Valentín mientras abrazaba a su amigo que llegaba desde Hatillo para esa noche de alcohol y vacilón. 

Hoy se baila. Hoy se bebe. Desde la tarima de Medalla y al ritmo de Alexio La Bestia, la melodía dicta la pauta de la noche: “Tumba la casa mami”. 

Bajando un poco hacia la Madridz, el yaucano Gaby decía con toda seguridad que en cualquier lugar que hicieran las Justas, llevaría a lo mismo, “siempre van a pelear o va a pasar algo, van a cometer delitos porque todo el mundo está al garete”. 


A pasos de Gaby, tres guardias charlaban entre sí, sin prestarle mucha atención a la algarabía ni mucho menos a la música que hacía que todos se movieran a un mismo ritmo, como si bailaran el “Guata uva uva uva guata” que ensordecía y enloquecía a todo aquel que pasara al menos a dos calles de distancia. 

Sin embargo, en la Plaza Colón, el ambiente era otro. Al son de la salsa toda cadera se sacudía. Una leona de la UPR de Ponce llegaba a Mayagüez sin expectativas, fuera salsa o reguetón ella solo quería pasarla bien, solo eso, porque ni a los eventos deportivos deseaba ir.

Esta leona de 20 años, obviamente, considera que las Justas en Ponce se han dado mejor. “Es un poco más pequeño y no hay tanto espacio como en la Plaza de Ponce. Hay más guardia en las entradas que adentro, hay por ahí dos o tres en las esquinas pero no es tan seguro”. 


Como parte del evento, las promociones son la orden de la noche, gorras, gel, bandas, pulseras, pitos y mochilas, regalaban cualquier cosa. Lo que no se regaló fue alcohol, de hecho, estaba más caro de lo acostumbrado. 

Entonces, Macabeo desde la tarima marcaba el ritmo y con pasos errados pero con la sonrisa en el rostro -como de quien goza lo que hace- los jóvenes se movían al vaivén del soneo. No importaba de dónde venías, ni dónde estudiabas, si eras joven, viejo, hombre o mujer, allí cualquiera se juntaba para tirar una bailadita. 

“A la boda no me va a invitar”, se escuchaba desde la tarima. Quizá, no habrá boda pues en todas las esquinas reparten condones, pero total, no hay muchos guardias que velen el perímetro, ni hay baños donde se puedan esconder a usarlos. 

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Original del publicado en Diálogo

Sevilla: de procesiones y capillitas

miércoles, marzo 23, 2016 Comentar
Miércoles Santo en la Plaza de San Francisco, Sevilla, España (foto: sevilla.abc.es)

Si estaba viviendo en Sevilla, ¿cómo perderme la Semana Santa? En el receso de primavera, decidimos irnos a Francia y Reino Unido, seguiríamos a Irlanda pero yo quería pasar por la experiencia de vivir la Semana Mayor en donde mejor se celebra en toda España: Sevilla. 

Todo está listo en Sevilla. Todos ya se han comprado los ajuares que lucirán esta semana. Las calles se encuentran repletas de sevillanos y de turistas de todas partes del mundo. Pero silencio por el día que es Semana Santa en Sevilla y cerveza por la noche para ver pasar a la Virgen y al Cristo.

A los capillitas les encantan tanto las procesiones como a un caco le gustan las Jordan. Los capillitas son un fenómeno español, aquí en Puerto Rico sería difícil de entender. Son personas excesivamente devotas a la Semana Santa y todo lo relacionado a ella, sí, pero solo a esa semana. Se podrían comparar con los anticapitalistas que van a comprar en el Viernes Negro o con los independentistas que votan popular para no perder su voto, es algo así, pero con la Iglesia y con la Semana Santa. 

En Sevilla, según el Consejo General de Hermandades y Cofradías, existen más de 100. En Semana Santa -Hermandades de Penitencia- hay sobre 60 de ellas que salen a realizar sus procesiones. Aunque en realidad solo importa la Macarena, el Gran Poder y quizá la Esperanza de Triana, esas que salen en la Madruga’. De ellas tres todos los hombres anhelan ser hermano mayor. Si lo logran, equivale a ser una figura pública, pues la gente no te dejará pagar en las barras, te abrirán paso cuando te vean pasar por la calle y, más aún, se emocionarán al saludarte. 

Esta jerarquía, que va más afincada por la amistad, por el dinero que diezmas o por tu posición social -más que por la propia fe y devoción- hace que quien asista a las procesiones de San Roque o San Isidro se le califica automáticamente como un capillita, pues son las menos acudidas. 

El capillita es fácil de identificar. Aunque no asista a misa con regularidad, en Semana Santa se arregla y se viste en filo con el medallón colgado del cuello, para que todos vean su supuesta gran devoción. Visten con camisa blanca, corbata a tono con su esposa -ella con traje largo, mantillas y tejas-, chaqueta oscura en la mayoría de los casos azul y con los botones dorados, el pantalón puede combinarse con gris o puede hacer juego con el gabán, los zapatos tienen que ser de charol y por obligación llevar gel en el cabello. 

Bulla en el puente de Triana (foto: europapress.es)

Sí, así salen, con la calor que hace en Sevilla, con lo mucho que tienes que caminar, pero todo sea por las apariencias. El capillita gasta todo su dinero o se embrolla en el banco para estar a la altura en la Semana Santa y en la Feria de Abril. Así como lo gastamos nosotros en un carro o para irnos a Disney, así lo hacen ellos. Son dos semanas de despilfarro total. 

- ¡Qué esto es lo más grande del mundo entero! - se escucha decir por el puente de Triana o por la calle de los Reyes Católicos. 

Y es que los capillitas se pasan hablando todo el tiempo de la Semana Santa, viven por su hermandad, otorgándole más tiempo y dinero a ella que a su propia familia.

Esos días, como tenía cara de extranjero, claro que me miraban y rápido se me acercaban. Me hablaban de Sevilla, de lo tradicional que es la Semana Mayor allí, me hablaban de lo importante que es ser hermano, claro pero también de que su hermandad es la más importante de todas. 

- Hoy en Viernes Santo, hoy pasa por aquí por el Puente de Triana El Cachorro y ya verás como se te va a acelerar el corazón cuando lo veas. Se te van a salir las lágrimas. ¡Es hermoso! 

Silencio sepulcral. Está anocheciendo y la gente calla. Es El Cachorro que pasará por Triana. La banda viene anunciando su llegada. La gente no habla, con cerveza en mano miran la imagen. Algunos lloran. “¡Qué viva!”, grita uno rompiendo el silencio. “¡Viva!”, contesta la muchedumbre. Pasó por su frente. Ya todos vuelven a su estado normal, aunque la Virgen sigue a pasos de ellos, pero ya pasó. A mí, se me pararon los pelos, pero sé que no puedo sentir lo mismo que sienten ellos por no haber nacido allí, en Sevilla. 



La Semana Santa en Sevilla, tiene su propia aplicación para teléfonos inteligentes para que esten al tanto de los horarios, pero el capillita no la necesita, él se los sabe todos de memoria. Así mismo, se sabe todos los atajos para llegar de un lugar a otro. Que si para llegar de Triana a La Campana no se coge por la calle de los Reyes Católicos, se coge por el Puente del Cristo de la Expiración para poder llegar a tiempo. Y no le digas que te espere porque no esperan ni a sus propias madres.

La gente corre. La muchedumbre avanza rápidamente por las calles de Sevilla para lograr ver todas las procesiones posibles, pero que no cunda el pánico. Lo que para nosotros resulta ser un caos total de gente llevándose enredado todo lo que a su paso se le interpone, no es así. Todos saben a donde van y cómo van. Más aún el capillita, que tiene un tiempo contado para llegar de un lugar a otro. Que sabe dónde se va a parar para verla mejor. Pues, como buen sevillano, no puede perderse las imágenes que lleva anhelando ver por un año entero. 

Y así, Sevilla no ha logrado contaminarse con los ideales izquierdistas que los gobiernan, o al menos no han querido dar el paso. Y es que Sevilla es Sevilla y tiene un color especial que ninguna otra ciudad de Andalucía puede comparar. Tan especial que no es ni España. “Primero soy sevillano, luego español”, me han dicho muchos de ellos. Pero se convive igualmente con el sentimiento dual, el mismo que separa a Sevilla de Triana, a los izquierdistas de los de la derechistas, a los de La Macarena de los de El Gran Poder, a los del Betis de los del Sevilla y así seguirán gracias a los propios sevillanos que no hay quien los entienda. 

- Sabes, yo soy de la Esperanza de Triana y a ella le debo to’. Yo nací ahí, hice mi comunión ahí, me confirmé, me casé ahí y mis hijos también han seguido los mismos pasos. Yo le pedí a la Virgen de Triana que mi hijo mayor se curar de una fiebre que no se le quitaba y la virgen lo hizo. Por eso no le puedo faltar. 

Tal vez esa es la expresión que resume lo que es la Semana Santa en Sevilla, que no va mucho de religiosidad y de fe, sino más bien de cultura y recuerdos que avivan cada vez que un sevillano ve pasar por delante de sí a la virgen que tanto le ha ayudado a sobrevivir o sobreponerse a toda la adversidad que atañe a esta ciudad especial por demás. 

La Esperanza de Triana (foto del blog Gente de Paz)

Las esposas de los capillitas, siempre andan en un segundo lugar, bueno eso aparentan. Son las que se encargan de planchar los vestidos, los gabanes y las túnicas de nazarenos; de cocer y remendar; de encargarse de que los hijos estén preparados y de cocinar ese rico bacalao que solo se hace en la Semana Santa. Pero tienen su recompensa. El marido para esta semana le compra un par de vestidos a su entalle, justo como le gustan a ella, de esos que no se puede comprar en todo el año. Esa semana, se pone hermosa, se arregla el pelo, se pinta la cara y con abanico en mano sale a la calle del brazo de su capillita, sin quitarle mucho protagonismo al hombre. 

- Ahora no sé porqué las mujeres también son cofrades, algo que siempre ha sido de hombre - me dijo aquel varón mientras esperábamos que pasara La O. 

Queriendo o sin querer, Sevilla no puede desligarse del machismo extremo que sufre. Sin embargo, no hay día que el capillita no llame a su madre para cuan insignificante problema se le aparezca en el camino. 

Es normal que en la Semana Santa se escuche a los hombres -varoniles, machos hechos y derechos- hablar del vestido de la virgen, de las flores, de los aretes y de cómo baila al dar la vuelta en la esquina del Relator. 

- Mírala que hermosa viene. ¿Qué no está guapa?
- Sí, pero más me gustaba el vestido del año pasado. Mírale esa puntilla.
- Vamo’ hombre, que es nuestra virgen, que está guapa y punto. Mírale esos pendientes.
- Los pendientes sí se le ven bien y van con las flores que le han puesto.
- Pero mírala bien, ya lleva 12 horas dando vueltas la pobre, viene cansa’. 

Así son las conversaciones normales de los hombres en la Semana Santa y es que en esas fechas todos andan sensibles y no hay espacio para el machismo. Todo se lo deben al encargado de que todo eso sea posible, que fuera de esa Semana lo critican por su preferencias sexuales. Pero en la Semana Santa no. Es él, el que ha preparado a la virgen, él que la ha puesto hermosa. El que con sus propias manos le ha cocido el traje y la ha vestido con el más cuidadoso detalle y ritual que se merece. Le ha hecho los arreglos florales, ha coreografiado a los nazarenos y ha preparado a los costaleros. Es él, el que no se puede comparar con ninguna de las mujeres devotas ni con el más macho de todos los cofrades, pues ninguno de ellos conoce ni puede entregarse tanto a la preparación de la Señora Madre. 

Entonces, en ese momento cuando ya la virgen ha llegado de su procesión por todas las calles de Sevilla, que todos -con mezcla de alegría y tristeza pues tienen que esperar un año más para volver a ejecutar el mismo acto que escenifican Semana Santa tras Semana Santa- en ese instante es que las lagrimas solapan la cara de muchos. Es el momento máximo de felicidad, cuando se le ve llegar a su capilla o a su parroquia, es el momento de aquellos que se han esmerado por rendirle culto a la Semana Mayor, a su virgen, a su Cristo, a las mujeres o a los homosexuales. Sevilla en Semana Santa es sin más una fiesta para exaltar a los suyos.