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Migrar para sobrevivir

miércoles, diciembre 13, 2017 Comentar
Boricuas que se trasladaron a Nueva York, luego del huracán María, cuentan por qué decidieron irse del país y cómo les está yendo. (Dominik Scythe / Visual Hunt)

Tenían que hacerlo. Dejarlo todo. Migrar. Comenzar de cero.

A Aurora López Vázquez la decisión le tomó 57 días. Cincuenta y siete días sin luz, sin agua, sin Internet, sin trabajo. Le tomó 57 días de angustia y una semana en el hospital.

“Llegué hasta hospitalizarme en un psiquiátrico y soy una profesional. Tuve que ir a Capestrano y estuve una semana. Por mi situación de salud, salí de Puerto Rico”, contó.

La mujer, natural de Carolina, trabajaba como secretaria en una escuela en Trujillo Alto. Los precios de los artículos básicos estaban en aumento. Llegó a pagar hasta cuatro dólares por el hielo y ochenta centavos por la gasolina.

Le era insostenible.

Entre lágrimas y una voz quebrantada, confesó: “Yo estuve dos días sin nada en mi casa. Nos preparamos, pero no a esta magnitud”.

De sus vecinos no podía esperar mucho. Aunque algunos tenían plantas eléctricas, se negaban a enfriarle una botella de agua.

“Están siendo egoístas. La gente te pelea. La solidaridad es lo que hemos perdido”, soltó.

Del gobierno, recibió menos.

Se cansó.


Aurora López Vázquez (centro) se enfermó mentalmente por la situación caótica de Puerto Rico tras el paso del huracán María. Marangely Santiago López (izquierda), su hija, perdió sus dos empleos por la lenta reconstrucción del servicio de energía eléctrica. A la derecha, Doris Plaza, su amiga, les brindó un hogar en la ciudad de Nueva York. (Para Diálogo: Eduardo Rivera)


El 15 de noviembre, Aurora y su hija, Marangely Santiago López, partieron de Puerto Rico hacia la ciudad de Nueva York, a casa de su amiga Doris Plaza. Por suerte, consiguieron pasajes baratos. “¿Y aquellos otros, que me duele, que no puedan salir de la isla?”, cuestionó.

Dos semanas después de su llegada, bajo temperaturas de 30 grados –nada parecido al clima tropical del archipiélago borincano–, Aurora y Marangely se dirigieron al East Harlem, “El Barrio”. Irónicamente, iban al Julia de Burgos Latino Cultural Center en la avenida Lexington con la calle Miss Aida Pérez – Loíza Aldea.

Allí, en una zona que no ostenta lujosos edificios, donde por décadas las minorías se han refugiado haciendo de este su barrio, el alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, abrió el 19 de octubre un centro de servicios centralizados para las personas afectadas por los huracanes María, Irma o Harvey.

El fin es que, dentro de la caótica ciudad, los damnificados puedan obtener todos los servicios necesarios en un mismo lugar. 

El centro de servicios Julia de Burgos Latino Cultural Center está ubicado en la avenida Lexington con la calle Miss Aida Pérez – Loíza Aldea, en la zona conocida como “El Barrio”. (Para Diálogo: Eduardo Rivera)

“Ves la diferencia –dijo al salir del centro cargando un bulto–, ya tengo toda la ayuda. Yo llegué aquí, solamente para aplicar, y mira cómo salí: con gift cards [tarjetas de regalo], con cupones, coats [abrigo], ropa interior. No es esta la ayuda que hay en Puerto Rico. En un mismo lugar te ayudan con el seguro social, con los cupones, a conseguir trabajo, te ayuda FEMA, te ayuda el servicio médico, solicitas el Medicare. Pero en Puerto Rico hay una burocracia terrible”.

Esa agilidad en las ayudas no se ha visto en la isla, ni por el gobierno local, ni por el federal. A 85 días del siniestro 20 de septiembre, más de la mitad de la población aún carece de energía eléctrica; 15,000 personas militan como novatos en las filas del desempleo; otros miles se encuentran aún en la espera de los toldos azules que ofrece la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) para cubrir los techos que desaparecieron con las ráfagas huracanadas.

“Puerto Rico dice que se levanta y no se va a levantar por el momento. Se levanta el que tiene chavos, el que tenga padrinos, godfather”, expuso a las afueras del centro. “La diferencia entre Puerto Rico y Estados Unidos es en cuestión de ayudar al ser humano, de ser solidarios. Esto es hacer solidaridad. Esto es identificarse con el pueblo que ha sufrido”.

A su lado, Marangely asentía. La joven estudiante perdió sus dos empleos. Trabajaba en dos negocios. Ambos cerraron.

“A mí que me dejen aquí”, soltó Aurora antes de que se marchasen.

A los 15 minutos, otra familia de puertorriqueños salió del centro. María Vega, de Aguada, migró con su esposo y sus dos hijos, de 10 y 11 años. Se mudaron con su madre, María López, quien vive en el Bronx hace 15 años. 


María Vega, de Aguada, migró a la ciudad de Nueva York con su esposo y sus dos hijos, de 10 y 11 años. En Puerto Rico no encuentran trabajo. Tras el paso del huracán, unas 15 mil personas quedaron desempleadas. (Para Diálogo: Eduardo Rivera)


“Allá no hay empleos. Acá nos ofrecieron todas las ayudas. Nos ofrecieron para las camas, ayudarnos con la renta, con la comida, con darnos cash [dinero en efectivo]”, indicó la madre.

Del centro, dijeron haber recibido un trato “excelente”, a diferencia de las agencias gubernamentales en Puerto Rico. No dieron muchos detalles, pero una sonrisa genuina se imponía en sus rostros.

“Yo he visto la cara cuando entra la gente triste porque lo han perdido todo, han venido acá y han encontrado que por lo menos la ciudad de Nueva York les ha dado una bienvenida. Que tiene un centro específico donde pueden obtener informaciones. Vemos la reacción, el cambio, cuando entran y cuando salen. Por lo menos, salen con un poquito más de esperanza de lo que han llegado”, dijo la vocera del Departamento de Manejo de Emergencia de la Ciudad de Nueva York, Yokarina Duarte.

Según la funcionaria, el centro ha recibido alrededor de 1,500 visitas, que no necesariamente se traduce en número de personas. Se han acercado desde familias completas, incluyendo mascotas, hasta madres solteras. Aunque han llegado residentes de las Islas Vírgenes, la gran mayoría han sido boricuas.

Lo que le ha sorprendido a Duarte es que muy pocos han requerido servicios de vivienda. “Se están quedando con familiares. Hemos visto que la mayoría de las ayudas que necesitan las personas han sido en servicios sociales y mentales”.

El recorrido por las distintas agencias gubernamentales toma alrededor de dos horas. Por eso, se recomienda cita previa a través del 3-1-1 o en nyc.gov. Sin embargo, no le niegan los servicios a quien llegue de improviso.

Duarte no está ajena de lo que sucede en Puerto Rico. Ella visitó la isla. Llegó con una brigada de la “Gran manzana”. Fueron 278 empleados los que estuvieron recorriendo el País brindando asistencia. La semana pasada, otra brigada llegó a Puerto Rico para ayudar en la recolección de escombros.

“Poder ir a la isla, ver la destrucción que ha habido, ayudar, venir acá [a Nueva York] y seguir ayudando a las personas necesitadas, ha sido un gran alivio. Para nosotros ha sido una de las mejores experiencias y mira que lidiamos con bastantes tipos de emergencias”, manifestó. 

Según Yokarina Duarte, vocera del Departamento de Manejo de Emergencia de la Ciudad de Nueva York, la mayoría de los damnificados que visitan el centro son boricuas. (Para Diálogo: Eduardo Rivera)

La diáspora abraza a los que llegan


Lillian Ortiz Guevara fue otra de las mujeres que visitó el centro. Como ya trabaja a medio tiempo, solo solicitó la cubierta médica del gobierno porque, aseguró, los tratamientos sanitarios son carísimos en la ciudad.

“El recibimiento fue excelente, todo el mundo muy amable, muy dispuesto a ayudar. Lo que sí es que hay demasiada cosa junta, no hay un poco de privacidad para la gente. Había una muchacha que le tocó en la mesa mía y empezó a llorar”, criticó.

La mujer tuvo que dejar a su esposo en Puerto Rico y moverse con su hijo a Nueva York para que continuara sus estudios. La decisión le pesa. Sabe que en su tierra la reconstrucción avanza con tropiezos.

“Todo el mundo en Puerto Rico dice ‘estamos bien’. Cojo.., no estamos bien. Estamos jodí’os. Hay un desastre”, dijo enérgicamente. Suspiró. “Nosotros no nos estamos yendo porque nos da la gana”.

Tras el paso del huracán María, estimados del Centro de Estudios Puertorriqueños del Colegio Hunter de la Universidad de la Ciudad de Nueva York han asegurado que Puerto Rico perderá sobre 470,000 residentes en los próximos dos años. Esto significa una merma de 14% en la población actual.

“Yo no vivo donde vivía, no duermo donde dormía. Estamos aquí porque en realidad lo que está ocurriendo en nuestro país no va adelante, no vemos luz y tenemos que movernos porque no somos un árbol. No es cuestión de que ahora yo no tenga solidaridad, ni sentimiento patrio. Cojo… Es que yo tengo que mantener a mi familia, tengo que trabajar y mi hijo tiene que ir a la escuela, tenemos que seguir. El que se tiene que quedar, pues se queda. Mi marido se quedó, sigue trabajando, pero yo no pude. Y no es fácil”, sostuvo.

A pesar de las críticas que ha recibido por marcharse, encontró en la diáspora un calor familiar. Desde que llegó, ha estado trabajando con diferentes grupos de nuyoricans como: Taller Boricua, La Marqueta, El Barrio’s Artspace y está coordinando La Promesa de Reyes.

“La diáspora ha hecho una labor fantástica. El corazón de la gente de aquí está con nosotros. Mira quién está respondiendo: la diáspora. Qué bueno que se vinieron para acá, para que, en estos momentos de necesidad, pudiéramos contar con ellos. ¡Qué lindo! Yo sé que si ellos necesitaran de nosotros, nosotros también vendríamos para acá a bregar. Ver esa reciprocidad y ese amor tan grande de esta gente, que no se han desconectado de la isla, vale. Esta ciudad tiene mucho que dar para el que quiere bregar”, expresó antes de irse al trabajo. 


Lillian Ortiz Guevara tuvo que dejar a su esposo en Puerto Rico y mudarse con su hijo a Nueva York para que continuara sus estudios y conseguir un empleo para sustentar su familia. Lo cuenta con tristeza. (Para Diálogo: Eduardo Rivera)

También se sufre


Sin embargo, no todos los que se han refugiado en la ciudad de Nueva York les ha ido de maravilla.

A finales de octubre, Sheila Ramos decidió dejarlo todo y mudarse a Estados Unidos con sus dos hijas: Idennies Díaz y Alanis Crespo.

“Desde que llegamos aquí nos han tratado súper mal”, dijo Sheila.

De Puerto Rico, ellas viajaron a Washington D.C., a casa de una amiga. Luego de unos días, llegaron en guagua a la ciudad donde habitan más de 8.5 millones de personas. Con todo y maletas, se dirigieron al centro Julia de Burgos. Allí, comenzaría su odisea.

El primer encontronazo fue en la oficina de servicios de vivienda. “Una afroamericana, de apellido Lawrence, nos trató bien mal. Dijo que nada tenía que ver que llegáramos por el huracán María. Se estaba burlando del inglés de mami y le tiró hasta los papeles”, contó Idennies. La funcionaria también cuestionó el parentesco entre madre e hija.

Como no tenían residencia en la ciudad, la familia fue trasladada a un albergue donde tendrían que esperar diez días para recibir la aprobación o denegación del servicio de vivienda pública.

“Cuando llegué al shelter [refugio] me dio un ataque de histeria. No teníamos sábanas, ni almohadas. No había nada. Hacía frío. La calefacción no funcionaba”, rememoró Sheila.

Según las boricuas, el edificio tiene una peste insoportable. Las cucarachas se pasean por los pasillos. Se llevan el agua caliente y deben llegar antes de las diez de la noche.

Luego de los diez días de espera, le llegó las cartas de vivienda y los cupones, en las que les denegaban los servicios. Así, sin explicaciones. 


Los servicios del centro Julia de Burgos se ofrecen tanto en inglés como español. El recorrido por todas las agencias que allí se encuentran toma alrededor de dos hora. Se recomienda cita previa. (Para Diálogo: Eduardo Rivera)


Se dirigieron al Julia de Burgos nuevamente. El trato hosco continuó. “Ya tú recibiste ayudas”, fue la bienvenida. Seguido de un: “No estoy hablando contigo”, a Idennies antes de que le impidieron el paso a la oficina.

Aunque llamaron al 3-1-1 para querellarse, todavía esperan el número de la denuncia.

“Aquí también dan el Welfare, pero yo no me atrevo a solicitarlo. No quiero que piensen que soy una buscona. Yo lo que necesito es un empujón”, aseguró la madre.

Por azares del destino, llegaron hasta la oficina del asambleísta del Bronx Marcos Crespo. Él les atendió. Ellas le contaron sus desdichas. “No se preocupen, no están solas aquí, le vamos a ayudar”, les consoló el político.

Así fue. Crespo llamó al supervisor general de los cupones de la ciudad de Nueva York. Entraron al sistema. Para sorpresa, la funcionara había puesto que la familia recibía seguro social, cuando no era cierto. También se percataron que no habían trabajado el expediente luego del sometimiento. Al menos, eso se resolvió. Eran elegibles.

“Tú sabes lo que es que no hemos podido probar una buena comida desde que pasó María por Puerto Rico”, lamentó Sheila.

Sin embargo, estos traspiés no le quitan el ánimo. Idennies y Alanis no quieren regresar a Puerto Rico.

“Yo voy a dar la lucha. Yo sé que van a venir cosas mejores. No me voy a quitar. No me voy, no me devuelvo”, aseguró.
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Original del publicado en Diálogo

Universitarios boricuas dan la milla extra por Puerto Rico desde Nueva York

viernes, diciembre 08, 2017 Comentar
‘Do it for Puerto Rico’ ha recaudado fondos monetarios para ayudar en la reconstrucción del país tras el paso de María. (Suministrada)

La desesperación asfixiaba. El miedo les invadía. Se sentían inútiles. Necesitaban hacer algo por los suyos, por su familia, por Puerto Rico.

A unas 1,621 millas de distancia, la devastación era evidente. Los noticieros solo presentaban los estragos causados por el huracán María. Desde la lejanía física, las ganas de hacer se imponían en sus mentes. Les urgía sentirse conectados con los que sufrían.

Así, veinte estudiantes puertorriqueños de Manhattan College, en la ciudad de Nueva York, comenzaron ‘Do it for Puerto Rico’ con la intención de ayudar en la reconstrucción del país.

“El no poder hacer nada, el no poder estar allí físicamente, fue lo que nos motivó a formar este grupo y hacer distintas actividades todo el semestre para recaudar dinero. La verdad es que todos nos motivamos por el amor a la patria. Cada cual ha utilizado sus distintas habilidades para ayudar a recaudar dinero”, explicó Carmen Laura Álvarez.

Así que se reunieron de inmediato y comenzaron a recaudar el capital. De la manera que pudiesen, entre clase y clase o en las noches, atrasando las horas de estudio. Colocaron mesas de recolección en el cuadrángulo del campus y realizaron hasta ventas nocturnas de ‘grilled cheese‘ desde clases de CrossFit hasta fiestas cerca del Union Square.

“Conseguí conectarme con el dueño de una barra en la ciudad, un rooftop (azotea). Terminamos vendiendo 210 taquillas y el evento generó alrededor de $3,200. Fue, definitivamente, successful (exitoso)”, añadió la joven de 21 años y estudiante de Biología.

Hasta la fecha, el grupo ha logrado recaudar sobre $5,500. El primer desembolso lo hicieron a unos ingenieros químicos que visitarán el País la próxima semana para traer filtros de agua a una escuela en Añasco.

El sobrante aún discuten cómo lo utilizarán.

“La última opción sería donarlos a Unidos por Puerto Rico porque yo quiero que lleguen las cosas a donde tienen que llegar”, argumentó la joven que cursa su tercer año de Estudios Internacionales, Natalia Álvarez.

Es por esto que Carmen Laura prefiere que, como grupo, se reúnan en Puerto Rico durante las vacaciones de invierno para realizar compras en tiendas locales y repartirlas entre los residentes más afectados de varios municipios.

Los jóvenes participaron como voluntarios en una actividad de recolección de suministros organizada por el presidente del Distrito del Bronx, Rubén Díaz. (Suministrada)

El miedo al regreso


Aunque las entrevistadas se encuentran ansiosas por llegar a Puerto Rico, aún prevalece la incertidumbre del nuevo panorama con el que se encontrarán.

“Me da un poco de miedo porque solo con las fotos y videos que mandan, de sitios que yo voy todos los días cuando estoy allá, se ven tan distintos que siento que no voy a reconocer casi nada. Me lo imagino como un desierto y no me lo quiero imaginar así, pero es lo que espero”, dijo Rocío Ramallo, de 20 años.


El mismo temor de volver lo siente Natalia, quien reconoce que esta vez encontrará un Puerto Rico diferente.

“Yo solo espero que el desastre no sea tan shocking (chocante) para mí porque todos los árboles alrededor de mi casa se cayeron. Yo creo que el ambiente será lo más impactante porque lo dejé hace unos meses de una manera y ahora va a estar de otra”, dijo con su mirada clavada en el suelo.

Sin embargo, el miedo al regreso no solo gira en torno al desastre natural, sino a la lenta recuperación que ha tenido el País. A 78 días del devastador ciclón, más de la mitad de Puerto Rico sigue sin el servicio de energía eléctrica.

“A mí me frustra un poco. No creo que debería estar tardando tanto. No debería haber tanta gente sin agua todavía o sin luz. No tiene sentido, esto son personas –sean parte de Estados Unidos o no– se tienen que ayudar. No tiene sentido que tanta gente esté sufriendo o estén bajo condiciones casi inhumanas, es cuestión de derechos humanos”, tronó Rocío.

Para la también estudiante de Biología, la “zona gris” en la que se encuentra Puerto Rico en cuanto a su estatus político y su relación con Estados Unidos es fundamental en el retraso de la reconstrucción.

“Esto llega a pasar en un estado de Estados Unidos y ya estuviese listo. No creo que estaría tomando tanto tiempo si la deuda no existiera y si nuestro estatus estuviera más definido”, opinó.

Tanto Rocío como Natalia aseguraron que realizarán trabajo voluntario durante las Navidades.

Esta primera visita al país, proyectaron las universitarias, podría funcionar como estímulo para seguir recolectando víveres y dinero el próximo semestre académico.


“A mí me gustaría seguir la recaudación el semestre que viene porque ya esto no sale en las noticias, la gente ya se ha olvidado. Y vemos el caso de Sandy (2012) donde todavía la gente está viviendo en pobreza en algunas áreas. Este caso es bien diferente porque vivimos en una isla, la corrupción y la mala administración nos ha dejado ya en quiebra. Creo que es un caso bien difícil porque no tenemos ayuda de otros estados y no podemos irnos a quiebra”, detalló Natalia.

Igualmente, Carmen Laura ve lento el levantamiento de Puerto Rico. Le molestan las estadísticas. Le enoja que “el gobierno quiera reducir la magnitud de lo que pasó”. Se cuestiona el número de muertes y declara que “hasta hoy todavía hay gente muriendo por la falta de luz”.

Sin embargo, aún conserva la esperanza por la unión que ha surgido entre los boricuas –residentes en el archipiélago y en Estados Unidos– tras el paso del huracán.

Según la página de Facebook Students With Puerto Rico, a través de una campaña en GoFundMe, estudiantes boricuas en más de 50 instituciones estadounidenses lograron recaudar unos $250,000.



El 20 de septiembre


El sufrimiento emocional que atravesó la diáspora durante los primeros días luego del fatídico 20 de septiembre fue descomunal.

“Al principio, el sentimiento fue horrible, horrible. Estar viendo todos los videos y no poder estar ahí con mi familia, apoyándolos. Estar leyendo, escuchando los llantos de mi mamá todos los días después del huracán, fue horrible. A mí me puso en depresión”, rememoró Carmen Laura.

Los miércoles, Rocío tiene el calendario lleno de clases. No tiene mucho tiempo libre. Así que entre clase y clase se conectaba a la transmisión de Wapa-TV para enterarse de todo lo que estaba aconteciendo. De una vez, veía a su madre –Celimar Adames– y esto le daba un poco de consuelo.

“El día después fue el más fuerte porque no había comunicación para nada. No tenía cómo saber de ellos y ya estaba viendo todo lo que estaban mandado las personas de todo lo que pasó y me estaba dando mucha ansiedad. Ver todo lo que estaba pasando y no poder hablar con mi familia fue bastante impactante”, contó.

El 30 de septiembre, Rocío entonó Preciosa y Aleluya en el cuadrángulo de Manhattan College en un “open mic” que sirvió para recolectar fondos para Puerto Rico.

Las fuertes ráfagas del huracán categoría 4 colapsaron el sistema de telecomunicaciones. Esto lo sabe muy bien Natalia, quien habló con su madre a las ocho de la mañana del fatídico 20 de septiembre y no volvió a saber de ella hasta una semana después. No recibió ni un texto, ni una llamada, nada.

“Estaba con una ansiedad brutal. Me afectó en los estudios, no me podía concentrar”, apuntó.

Lo que no les faltó fue el apoyo de sus compañeros de universidad, así como de la administración.

“Me da mucho orgullo que tanta gente se haya unido para que pudiéramos poner nuestro granito de arena para poder ayudar a nuestro país. No podemos decir que son solo los puertorriqueños porque hay mucha gente que nos ha ayudado y la universidad nos ha ayudado un montón”, resaltó Rocío.
“Lo que duele es cuando la gente se acostumbra”

Este es el caso de Andrea Méndez, una venezolana de 20 años que ha trabajado incansablemente junto a sus amigos boricuas.

Como estudia Mercadeo y Publicidad, ella se ha encargado de preparar las propagandas. También, colaboró la noche en que vendieron los grilled cheese, donó ropa y motivó a su madre para que, desde Miami, comenzara a recaudar víveres para enviar a Puerto Rico.

Andrea, quien ha visitado el País en varias ocasiones, dijo estar incrédula ante la devastación.

“Yo estuve ahí y era todo tan perfecto, tan bonito, y ya no queda nada. Me han mostrado fotos de playas a las que me llevaron y ya no queda nada. Y que la madre de mi compañera de cuarto me haya contado con toda la tranquilidad del mundo que ellos lavan la ropa con agua de la lluvia, me quedé en shock. No podía creer que pasaron de tenerlo todo a no tener nada. En Venezuela, por lo menos, fue una transición, a ustedes le dieron una cachetada de la noche a la mañana”, soltó.


Es por esto, y por el cariño que les tiene a los puertorriqueños, que no ha dudado en dar la mano. “Ellos lo harían por mí”, dijo con una sonrisa.

Asimismo, admitió que no vacilaría en aceptar otra invitación para visitar la Isla “porque la gente es la que hace a Puerto Rico”.

Una vez, un taxista le dijo a Andrea que lo mejor que le podía pasar a Puerto Rico era que un huracán se lo llevara completo para que “el gobierno metiera mano y la gente se diera cuenta y se levantaran de una vez”.

“Lo bueno de llegar al fondo es que solo se puede ir para arriba y claro que se sale si se quiere. Lo que duele es cuando la gente se acostumbra a vivir así. Una vez te acostumbres a no tener luz, a no tener agua, a no tener nada, dejas de buscar lo que te mereces”, remató.

Denuncian violaciones de derechos humanos en Puerto Rico tras María

viernes, diciembre 08, 2017 Comentar
La acusación fue presentada durante una audiencia pública de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington, D.C.

Una delegación compuesta por más de 25 organizaciones de Puerto Rico y la diáspora, denunció ayer violaciones de derechos humanos por parte de los gobiernos –local y de Estados Unidos– durante el manejo de la emergencia tras el impacto de los huracanes Irma y María.

La acusación fue presentada durante una audiencia pública de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington, D.C. y se desprende de un informe, de unas 400 páginas, donde detallan la situación de Puerto Rico.

“Queremos denunciar la responsabilidad de Estados Unidos y del gobierno local sobre los derechos económicos, sociales, culturales y medioambientales de nuestra población sobre todo por la inacción en prevenir, atender y reparar las violaciones de derechos humanos que ya se han venido anunciando y que se han agravado luego de los pasos de Irma y María”, dijo Annette Martínez Orabona, quien dirige el Instituto Caribeño de Derechos Humanos.

Según la representante de la sociedad civil, el desastre existente en el país no fue natural, sino que es la culminación de décadas de mala planificación, marginación y explotación económica del territorio estadounidense que repercute en una frágil economía que mantiene a los puertorriqueños “viviendo en la pobreza”.

“La violación de derechos humanos era ya grave, con una crisis humanitaria provocada por nuestra quiebra económica, nuestra deuda pública, la Ley Promesa y la puesta en marcha de medidas de austeridad impuestas por nuestros gobiernos y por una Junta de Control Fiscal que nosotros no escogimos”, aseguró Martínez Orabona, quien también dirige la clínica de Derechos Humanos de la Universidad Interamericana.

Asimismo, resaltó la migración masiva de puertorriqueños –que se estima en sobre 200,000 personas este año– y la catalogó como involuntaria, “forzosa y sumamente dolorosa”.

Vieques en el olvido


A Kiana Shalí Figueroa Guadalupe se le quebró la voz al contar que su abuelo, residente de Vieques y paciente de cáncer, tiene metástasis porque perdió cuatro sesiones de quimioterapias por la falta de comunicación y de transporte marítimo luego del azote del huracán María.

“Pensé que estar sujetando la puerta de mi cuarto, durante siete horas con mi familia, contra la fuerza del huracán sería lo peor que me pasó, pero ahí solo comenzaba. La destrucción física que causó María destapó el abandono de mi pueblo que ha sufrido por décadas”, denunció la joven de 21 años.

La residente de Vieques también testificó que su municipio, a 78 días del paso de María, está completamente sin energía eléctrica, que todas las playas están contaminadas con desechos sanitarios, que los escombros han sido depositados en vertederos clandestinos y que el único hospital de la isla municipio está cerrado.

“El combustible no llega con la regularidad necesaria, además, [los gobiernos] impiden o complican la llegada de ayuda humanitaria”, denunció.

El factor principal de la poca ayuda que ha recibido la isla municipio es la falta de un sistema de transporte efectivo. Al día de hoy continúa incierta la venta de boletos individuales.

Actualmente, según la deponente, solo hay una embarcación, con capacidad para 60 personas, para transportar a los sobre 10,000 residentes viequenses, así como los suministros.

“Los gobiernos, tanto municipal como estatal, han sido negligentes con Vieques antes, durante y después del huracán”, indicó Figueroa Guadalupe, mientras hizo un llamado a investigar por qué sus compueblanos siguen pasando necesidades.

La joven, quien manifestó haber nacido en un Vieques “empobrecido, utilizado y abusado” por la Marina de Guerra de Estados Unidos, solicitó apoyo internacional como el que recibieron cuando lograron sacar al ejército estadounidense.

“Necesitamos que actúen, esto sí es de vida o muerte”, le exhortó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

El sur y la contaminación ambiental


Otro de los reclamos presentados en Washington fue la “inacción” del gobierno para atender los depósitos de las cenizas tóxicas de carbón, producidas por la compañía AES, durante la emergencia.

“El gobierno se ha negado a ir a evaluar el estado de los depósitos de las cenizas después del paso del huracán y ha faltado a su responsabilidad de mantener a las comunidades informadas sobre riesgos a nuestra salud”, pronunció Betzaida Bosa Borrata, representante de la comunidad Tallaboa en Peñuelas y líder del Campamento en contra de las cenizas.

Según la deponente, las comunidades del sur de Puerto Rico están preocupados de que las cenizas no solo se hayan esparcido por aire, sino que hubiesen llegado a las escorrentías, alcanzado los acuíferos y contaminado las fuentes de agua potable.

Durante los huracanes Irma y María, AES no cubrió las cenizas como medida de contingencia según le solicitó el gobierno.

“Lo que sí sabe nuestra comunidad es que estas cenizas las encontramos todos los días en nuestras ventanas, en nuestros balcones, en nuestra mesa y en nuestros pulmones”, indicó.

De acuerdo con la enfermera, en Tallaboa hay una alta incidencia de enfermedades respiratorias, cáncer y padecimientos cutáneos.

“Por más de 50 años nuestras comunidades han sido víctimas de diversas fuentes de contaminación, múltiples industrias petroquímicas, una fábrica de ácido sulfúrico, el humo tóxico de la quema de miles de neumáticos, los efectos adversos de vertederos industriales, compañías de cremación de cadáveres, el manejo de gas propano y dos fallidos proyectos del gasoducto. Ahora, para colmo, nos contaminan con sobre 20,000 toneladas de cenizas tóxicas de carbón provenientes de una compañía energética privada”, tronó.

La alegada pasividad gubernamental fue catalogada por Bosa como una “actitud genocida” por parte del Estado al “propiciar que se nos siga envenenando durante décadas”.

“El gobierno de Puerto Rico ha hecho caso omiso a los reclamos y denuncias de nuestras comunidades que han tenido que hacer el trabajo que ellos no hacen: proteger la salud, el ambiente y la vida de nuestros constituyentes”, manifestó.

Es por esto que también trajo a colación la represión que ha recibido la comunidad por parte del gobierno y la Policía cuando han protestado en defensa de la salud.

Discrimen con Loíza


Otro ejemplo de violación a los derechos humanos presentado por la delegación fue el caso de Loíza, donde se asegura han sido discriminados por su pigmentación a través de los años.

“Hemos tenido residentes viviendo en unas condiciones infrahumanas con aguas usadas, llenas de excrementos, donde le salen directamente por los inodoros y fregaderos”, denunció la residente de Loíza, Modesta Irizarry Ortiz.

De acuerdo con la deponente, en el municipio hay unas 200 familias que quedaron sin vivienda tras los huracanes que impactaron la zona con dos semanas de diferencia.

Además, consideró injusto que los adultos mayores estén mendigando por alimentos y que los encamados, así como personas con discapacidades, hayan sido los “menos atendidos”.

Irrizarry Ortiz fue enfática en su llamado a que se defendieran los derechos humanos de todos los puertorriqueños y le cuestionó a la comisión si era “justo que haya personas viviendo en condiciones tan inhumanas”.

Estados Unidos defiende su ayuda humanitaria


Ante lo expuesto, el representante del gobierno de Estados Unidos Kevin Sullivan resaltó la ayuda económica que han destinado a la recuperación de Puerto Rico.

“Puerto Rico no es menos que otros territorios de Estados Unidos”, aseguró en su ponencia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Asimismo, se refirió a Puerto Rico como un territorio autogobernable, por lo que la ayuda enviada ha sido en relación a lo que ha solicitado el gobierno boricua.

Más cuestionamientos que respuestas


Sin embargo, los miembros de la comisión cuestionaron la labor del gobierno estadounidense.

La presidenta Margarette May Macaulay criticó fuertemente la “lentitud con la que se enviaban las ayudas” y que luego que llegaban los suministros “estaban en el muelle y no se distribuían por falta de un plan de logística”.

“La situación en esta isla se ha empeorado, un territorio en su jurisdicción. Muchas veces es mejor no tener la responsabilidad, pero la tienen. Las personas siguen muriendo”, le dijo a Sullivan.

Por su parte, el representante gubernamental le aseguró que las ayudas continuarán hasta que la situación “se normalice”.

“¿Cuáles son las políticas que se toman con Puerto Rico en relación con las que se toman en cuestiones similares en otros estados?”, inquirió la relatora especial, Soledad García Muñoz, quien se solidarizó con las víctimas de la catástrofe y reconoció la resiliencia de los puertorriqueños.

“La recuperación ha sido larga y difícil debido, en parte, a alguno de los retos geográficos y logísticos que plantea Puerto Rico”, contestó Sullivan.

Otro de los miembros del organismo regional, José de Jesús Orozco Henríquez, resaltó los daños ecológicos causados por las cenizas de carbón y le pidió explicaciones al representante estadounidense. Sin embargo, este aseguró no tener información sobre lo sucedido en Peñuelas.

El relator por la Libertad de Expresión, Edison Lanza, requirió más información sobre la coacción de las protestas y el uso de la fuerza por parte de la Policía de Puerto Rico. Además, cuestionó la falta de acceso a la información pública.

El gobierno de Puerto Rico no envió ninguna representación para deponer ante la comisión.

“Es una vergüenza que el gobierno de Puerto Rico no haya enviado una representación para contestarle a su gente, no lo hace tampoco en Puerto Rico”, dijo la representante de la sociedad civil Martínez Orabona.

A modo de cierre, la presidenta del Instituto Caribeño de Derechos Humanos reiteró que el desastre por el que traviesa Puerto Rico no es natural, sino que los huracanes agravaron la situación existente.

Además, destacó el papel de la Junta de Control Fiscal que “exige mayor austeridad a un pueblo que se está muriendo de hambre”.

“Tenemos un problema en Puerto Rico y es uno de discriminación, es de discriminación desde nuestra relación colonial”, sentenció.
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Original del publicado en Diálogo

Impuesto de 20% a exportaciones sería el “fin de la manufactura exportadora”

viernes, noviembre 10, 2017 Comentar
La industria manufacturera aporta un 33 por ciento al Fondo General de Puerto Rico. (Archivo)

La descalabrada economía de Puerto Rico podría tener su estocada final si el Congreso de Estados Unidos aprueba el impuesto de 20% sobre las exportaciones locales hacia la nación norteamericana. Podría ser "el fin la industria manufacturera" en el País, que aporta anualmente más de $2,800 millones al Fondo General.

Al momento, la Cámara de Representantes del congreso estadounidense debate la implementación del arancel, que está contemplada dentro de la reforma contributiva que impulsan los republicanos. Ayer, el Comité de Medios y Arbitrios de la cámara baja favoreció el impuesto en votación de 24-16.

Hace 52 días, la economía del país marcaba una contracción de 2.1% en el Índice de Actividad Económica (IAE) en comparación a la misma fecha en el 2016. El azote de los huracanes Irma y María agravó el lúgubre panorama.

Los economistas Antonio Rosado y Heriberto Martínez aseguraron que la aprobación de la medida sería devastadora para la economía boricua, que se nutre, en gran medida, de las empresas manufactureras.

“Ese 20% en las importaciones es el fin de la manufactura exportadora de Puerto Rico si no hay un mecanismo para que las empresas pueda recuperar ese dinero. Estamos matando la manufactura”, sentenció Martínez, miembro del equipo de trabajo de la Asociación Puertorriqueña de Economía Política.

De acuerdo al Apéndice Estadístico de la Junta de Planificación, en 2015 la manufactura representó el 99% del valor total de las exportaciones. Martínez detalló que el porcentaje equivale a unos $68,758 millones.

Asimismo, el economista destacó que la industria manufacturera en Puerto Rico aporta al Fondo General mediante los arbitrios de la Ley 154 –un total de $1,950 millones– y mediante la retenida a los no residentes o impuesto por decreto –$900 millones–.

“En total, la manufactura aporta entre 30% y 33% al Fondo General de Puerto Rico”, especificó Martínez, quien prevé que de aplicarse el arancel las empresas cerrarán operaciones en territorio puertorriqueño.

Esto provocaría, explicó Martínez, un “recorte de gastos públicos demasiado de brutal” que repercutiría en más cierres de escuelas públicas por la incapacidad de financiación; más recortes presupuestarios a la Universidad de Puerto Rico (UPR) y al plan de salud del gobierno; y que los bonistas “tendrán que tirar todo a pérdida”.

“Será devastadora una propuesta como esta. Matas a las exportaciones. Llevarías a Puerto Rico a unos niveles donde el impacto será insospechado por la migración”, dijo.

Pronósticos del Centro de Estudios Puertorriqueños del Colegio Hunter de la Universidad de la Ciudad de Nueva York estiman que emigrará cerca del 14% de la población para el 2019 debido a los estragos causados por el huracán María.

Si a este porcentaje se le suma la pérdida de empleos por las empresas manufactureras que cierres operaciones en Puerto Rico, la reducción gubernamental y una economía desplomada, “lo que vamos a ver es un vaciado del País”, vaticinó Martínez.

Alegan inconstitucionalidad


Para Rosado, este proyecto es “el disparate más grande” y “no tiene ningún sentido” jurídico debido a que el archipiélago borincano es territorio estadounidense y no debería ser tratado diferente a los demás estados de la nación norteamericana.

“En 1917, Puerto Rico fue declarado parte de las costas de Estados Unidos. Eso tiene que desaparecer del lenguaje del proyecto [de ley] porque es un disparate constitucional”, alegó el economista.

Aunque resaltó que la industria manufacturera local exporta mercancía a nivel global –como la compañía Microsoft en Humacao– la aprobación del gravamen significaría que “las farmacéuticas en Puerto Rico no van a poder vender en Estados Unidos, lo que sería terrible para la economía porque la manufactura es la mitad del ingreso bruto de Puerto Rico”.

La reforma contributiva que se debate en el Congreso ha sido avalada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien en su candidatura propuso crear impuestos fronterizos para fomentar la manufactura estadounidense.

Sin embargo, Rosado ve como positivo las reformas contributivas de Estados Unidos y exhortó que la administración de Ricardo Rosselló debe “alinearse” con esta iniciativa y “atemperarse a los tiempos”.

“Si Estados Unidos baja sus tasas corporativas [otras de las medidas en discusión] a un 20%, Puerto Rico no puede tenerlas en 40%. Estados Unidos se está moviendo en la dirección correcta de bajar las tasas a las corporaciones”, manifestó.

Hasta el momento, el gobierno de Puerto Rico no ha revelado oficialmente las estrategias que utilizarán para cabildear en contra de la medida.

De lo informal a lo formal


“El huracán María ha evidenciado la debilidad institucional del gobierno. Debilidad económica por su capital foráneo y la corrupción que ha vuelto inoperante a las corporaciones”, señaló Martínez.

Es por esto que le sugirió a la administración de turno buscar las maneras efectivas de convertir los trabajos informales de reconstrucción de Puerto Rico –como el recogido de escombros– en un crecimiento estable de la economía.

“A Puerto Rico le queda repensar cómo vamos a coger la actividad solidaria, ciudadana, y convertirla en una economía formal, desde el punto de vista del trabajo y no de la explotación laboral”, remató.
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Original del publicado en Diálogo

Carlitos ‘Skills’ o de cómo apoderarse de los espacios

miércoles, noviembre 08, 2017 Comentar
Apuesta por invadir con arte a Bayamón en busca de demostrar a los jóvenes y a la sociedad que un mundo distinto es posible.

En medio del caos, un suspiro. De las ruinas, surge un espacio que apuesta al arte. Es transformar lo que era por lo que se quiere. Es lanzarse al vacío con fuerza. Es empezar desde cero. Hacer arte y vivir de la cultura en medio de la crisis.

En el casco urbano de Bayamón, un joven artista invita a pensarnos y repensarnos; agarrarnos de la cultura e invadir los espacios.

Carlos Alexis “Skills” Rivera (Bayamón, 1991) habla con rapidez. Se mueve de prisa. Quizás, la misma vivacidad que no lo dejó estarse quieto y lo llevó a apoderarse de un local abandonado para transformarlo en el sustento de su vida.

Carlitos –como le llaman– siente que los artistas que dan la milla extra, en este momento difícil que atraviesa Puerto Rico, están escasos de lugares donde puedan exponer sus creaciones. Que el pueblo que le vio nacer tiene iniciativas, pero que faltaba alguien que se atraviese a dar un paso firme. “Está bien complicado. Yo sentía frustración y decía: ‘Coño, yo tengo unas obras que quiero mostrar’”.

Un día, como acostumbra hacerlo, pasó por la calle Martí. Discurrió sin mayores pretensiones. Y en el número 29 un local en ruinas se impuso ante sí. “Y me metí en él. Le metí un año de trabajo, esfuerzo, dedicación a este espacio y esto fue lo que salió. Esto yo lo hice independiente, a pulmón, a fuerza de bolsillo y más na’”, afirma.

La inspiración se gestó de unos viajes que realizó a Nueva York –al estudio de Ángel Otero– y al Art District de Miami.

“Ver esa visión, quizás, un poco más abierta de lo que es el arte, a otro nivel, acaparando el espacio y transformándolo por completo”, fue la base para que naciera Skills Creative Studios, un espacio en busca de revivir la escena urbana en el País desde la inspiración, el entretenimiento y la solidaridad.

Skills Creative Studios está en la calle Marti, Bayamón.

Lo que era un área devastada, ahora se ilumina. El lugar quedó invadido por cuadros y personas. Son cientos los que han pasado por allí. Pareciera como si en tiempos de crisis, el arte tomara protagonismo, se apoderara de la calle, se expresara más que nunca. Es la catarsis en medio de la decadencia. La voz de un pueblo golpeado por una descalabrada economía y flagelado con vientos huracanados que le sacudieron las entrañas.

Carlitos lo sabe y apuesta a la cultura como medio de salvación. “El arte y la cultura es lo que necesitamos. Antes y después del huracán María. Antes, estábamos bien faltos de cultura, siento que eso es lo que está pasando aquí. Estamos acoplando una cultura de afuera. Pero sé que aquí nosotros tenemos el poder y tenemos los coj…, el corazón, para poder hacerlo posible”.

Al joven –de piel nívea, mirada penetrante y barba densa y azabache– no le importa si es dentro o fuera de Puerto Rico. Solo quiere, a través de la cultura puertorriqueña, inspirar a los jóvenes a que encuentren su pasión y un trabajo donde se sientan apasionados por lo que hacen. “Que lleguen temprano al trabajo porque le gusta hacerlo, no picharle porque están haciendo algo que ni siquiera les llena”.

Carlitos piensa en su amigo Don Rimx (San Juan, 1981), quien también encontró su pasión en el arte. “Es una de esas personas que lo está haciendo. Que salió de Nemesio Canales, se montó en un avión y dijo: ‘Voy a cambiar mi vida, voy a cambiar al mundo, voy a cambiar a Puerto Rico poniendo ese granito con el arte llevando el nombre a diferentes partes del mundo’”.

Lo dice contiguo a un cuadro de su autoría que esboza una brújula entrelazada con un cronómetro y que invita, al que le mira, a explorar el mundo, apoderarse de su destino. El título lo dice: “World to know”.
“World to know” de Carlos Alexis Rivera. (Facebook)

“Esto que yo estoy haciendo es cultura. Primordialmente, eso es lo que yo quiero hacer: cultura con el espacio. Hacer historia. Vamos a hacer arte en un espacio. Bayamón, dichamente, no se conoce por ser el lugar más tranquilo y más artístico, pero si nosotros ponemos ese granito, se puede hacer y lo estamos haciendo”, comenta. Por eso, en Skills también hay cuadros de fourtracks y osos que disparan corazones.

El espacio inauguró con la exposición Cero a Cien en homenaje a todo ese proceso, desde que no había nada hasta que germinó la galería. Similar a su carrera, cuenta, empezó –hace siete años– pintando en su cuarto. Pero, además, es la historia de un pueblo.

“Esto es Cero a Cien. Esto es cómo un País que está desbaratado, no solamente por el huracán sino en muchos aspectos: políticamente, económicamente. Está afectado. Y esta es la manera que nosotros, los que tenemos el nuevo orden –porque nosotros somos los jóvenes que vamos a ser el nuevo orden– de llevar el mensaje de que podemos hacer las cosas por nosotros mismos. Esto es el resultado de muchas horas de trabajar y dedicarme a lo que a mí me gustó con coj… desde el principio y hacerlo real. Eso fue”.

En el estudio, también hay un rostro de un niño con una pluralidad de visiones. Un hombre que agarra con fuerza a una mujer con piel de mariposa y que tiene escrito “Men Lie, Wome Lin, Salty, Don’t hurt, Love is priced”. Está el salsero Héctor Lavoe frente al rapero Post Malone. Hay, además, un Buda y “Another Bible Story”.

Carlitos no estuvo solo. Junto a él también presenta un grupo de artistas plásticos y tatuadores: Miguel Del Cuadro (Perú), Don Rimx y Carlos Ayala Barreto. La exposición colectiva presenta “lo mejor del arte moderno”, resalta. Estará abierta al público hasta el 2 de diciembre.

Aunque el joven emprendedor asegura que el arte se regodea de “una cultura exclusiva”, “elite”, él quiere hacerlo accesible. “El arte es para todos y por todos. En todos lados vamos a ver arte. Igual que nosotros somos personas que somos arte. Cuando nos vestimos por la mañana ‘matcheamos’ [combinamos] los colores e hicimos arte. Cuando haces el desayuno mezclas huevo con jamón y todo un arte: colores, texturas, sabores”.

“La Fama” de Don Rimx. A la izquierda “Butterfly efect” de Carlos Alexis Rivera.

AUNQUE COSTOSO, “YO VIVO DEL ARTE”


Y si es así, Carlitos siempre ha estado destinado a crear y fusionar, porque trabajó en una tienda de ropa y vendió tripletas. Hizo de todo por sobrevivir. Y claro, para conseguir dinero y comprar materiales para hacer arte.

“Es una cosa que está cabro…, todo es caro. Tú vas a pintar un cuadro y tienes que invertir dinero para poder hacerlo, simplemente para expresarte. Y como es un hobby, como dicen, elite, caro, porque es algo que se vende bien –cuando tú tienes la oportunidad de venderlo–. Por eso ponen todo tan caro porque hay una oferta, una demanda”, critica.

A pesar de lo que señala, está firme en que sí se puede vivir del arte y es lo que quiere hacer el resto de su vida. “Yo vivo del arte y gracias a Dios vivo feliz y bien. Llevo cinco o seis años viviendo del arte por completo, sin hacer nada más”.

Pero lo ha tenido que luchar. Ha tenido que dar a respetar su obra. “Para poder vivir del arte tienes que pensar que esto es tu trabajo y que tú tienes que ‘josear’ [pelear] tu dinero porque si tú no lo haces, nadie lo va a hacer por ti”. Si no, dicta, quedarás rezagado a hacer trabajos para portafolio y proyectos por intercambio.

Carlitos ‘Skills’ le apuesta al arte y la cultura en Bayamón como vía de redescubrimiento.

El tatuador ya tiene varios proyectos. Quiere seguir rompiendo estereotipos, tabúes. Crear arte para que el público se entretenga, comparta y disfrute el momento. En planes, tiene preparar “algo” de temática erótica y otro para el 4/20.

Casi todo el que entra a Skills, al instante, sonríe. Miran los cuadros. Inhalan, exhalan, vuelven a sonreír. Muchos aún no tienen agua, ni luz, ni Internet, pero se ven contentos. Como si en tiempos de crisis, el arte tomara más fuerza, ayudara a liberar, transformar, empoderar y renovar, no solo al que crea sino también al que observa.
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Original del publicado en Diálogo